El desarrollo de software (al igual que la música, la escultura o la pintura) es una actividad creativa y, hasta si se quiere, artística. Cuando un músico escucha una melodía que acaba de componer o cuando un escultor retoca el último detalle de su obra maestra, está ante un logro personal, pero que fue hecho pensando en los demás. Está ante el fruto de su trabajo, que tuvo que realizar para pasar de una idea o modelo que estaba solo en su imaginación, a algo perceptible por los otros. Y ese logro causa una gran satisfacción. El desarrollo de software (al igual que la música, la escultura o la pintura) es una actividad creativa y, hasta si se quiere, artística. Es una actividad en la que una persona (el programador) debe plasmar una idea en un programa que alguien usará luego. Y es muy probable que esa idea sea algo totalmente novedoso, algo que nadie antes ha visto. Y ver esa idea traducida en software produce una sensación que únicamente un programador puede entender...
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